Crítica de arte: Fernando Prieto, la pintura liberada, en la Casa da Parra de Compostela [Andrea Franco]

Una de las obras de Fernando Prieto.
Crítica de arte: Fernando Prieto, la pintura liberada, en la Casa da Parra de Compostela




Balzac, en La obra maestra desconocida, decía que la “sombra es un accidente”. Esta frase, que en tan pocas palabras engloba tanta trascendencia –pues habla de cómo la luz revela a su antojo la existencia de las personas y los objetos-, gravita sobre toda la obra de Fernando Prieto. Pero lo hace de forma invertida, pues aquí las sombras son una realidad provocada.


Sus pinturas –de un hiperrealismo subjetivo, como lo califica él mismo- nacen del contorno que proyectan sobre la tela objetos fijados al lienzo con cinta adhesiva, clavos o cuerdas, creando un volumen capaz de dotar a lo inerte de movimiento y profundidad.

Esta idea del volumen y la sombra, cobra especial significado en la serie Retendo o tempo, que ilustra la caída de  naturalezas muertas. Las frutas, dispuestas sobre un mantel que más parece un sudario, se precipitan hacia el suelo, pero Prieto detiene el momento, dibuja su silueta, señal de que aún están vivas. Recuerdo un autorretrato que el fotógrafo Jacques Henri Lartigue se hizo poco antes de morir. Tenía 86 años y lo tituló, precisamente Mientras aún tengo sombra.


Me contaba el autor, en la inauguración, que pasó treinta años de su vida enclaustrado en una oficina. Su obra, a la que ya se dedica plenamente, muestra esa liberación a través de gestos que rompen simbólicamente sus lienzos. Si dejamos al margen prácticas como la pintura expandida, el de la pintura es un arte delimitado y constreñido por el espacio del cuadro. Prieto, en cambio, rompe sus telas, las atraviesa, sale de ellas.


Como si no fuera posible partir de un lienzo puro, cada creación se imprime sobre telas arrugadas –siempre simbólicamente-, que muestran una huella imborrable, un pasado del que no puede desprenderse y que pesa sobre cada nueva obra.


Y frente a esos blancos rotos, los negros absolutos. Títulos que muestran unos cuerpos fragmentados que se asoman desde el vacío. Torsos que se funden con un fondo negro, evocando quizás una nada que los consume y que da lugar a gestos desesperados: Aflición (2009); Paixón (2007) –el abrazo a una prenda sin cuerpo; A última aperta (2012); Impotencia (2012); o la elocuente Destruindo a obra (2009) -en la imagen.

La exposición se podrá visitar hasta el mes de julio en la Casa da Parra (Santiago de Compostela).


                
Andrea Franco- Periodista especializada en cine y gestión cultural. Ha colaborado en El Correo Gallego, La Opinión de A Coruña y la revista de análisis cinematográfico Transit, cine y otros desvíos.

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