Sobre una ruptura necesaria [Juan Mireles]

Sobre una ruptura necesaria


El momento histórico en que vivimos, el pedazo de eternidad en el que estamos –sufrimos y padecemos— es de un oscurantismo razonado, es la razón tiránica, la lógica impuesta a rajatabla que se fundamenta en lo conocido, en ese falso conocimiento que no deja de ser más que una percepción global, una irrealidad que en sí misma no es y es; no es porque es falsa: nada de lo que veo, toco y siento es real, solamente percibo, y es precisamente por tales percepciones; de nuevo, la dualidad del todo aparece. Sin embargo, nos parece tan real lo que ocurre en nuestro entorno personal como el colectivo, que sufrimos, viene la inconformidad, la negación, la ruptura: hay que romper para crear algo distinto porque lo establecido se ha vuelto irrespirable. Somos conscientes de que es irrespirable cuando nos damos cuenta que somos parte de lo irrespirable —esta afirmación no es nueva, nada es nuevo, ¿qué es lo nuevo?, si como bien entendió Octavio Paz al igual que lo creyó Borges y tantos otros, sobre el hecho de que las ideas, pensamientos, sentimientos positivos y negativos y demás sustancias, son tiempo, y en ese ser tiempo habitaron, habitan y habitarán en todos los seres humanos, en un sinfín de parpadeos, de instantes, haciendo cíclico el todo; vuelta a la creencia secular de las civilizaciones antiguas del tiempo cíclico: lo que estoy sintiendo en este instante, lo está sintiendo en su instante otro en el pasado y en el futuro. 

Estamos sofocados por la idea errónea de un tiempo lineal, de un futuro de calendario, de días y meses —no eterno, no de vuelta, no una vuelta que podría entenderse como la reencarnación o algo parecido, sino de un volver a ser lo que fuimos antes de la carne: tiempo, sustancia tiempo; mezcla o mejor, fusión al todo—. Entender el tiempo como el que marca el reloj de pulsera es seguir atado a una tradición falsa, y al seguir esto, se logra el autoengaño que asimismo es un paliativo, una aceptación pasiva que es a su vez una reacción conformista que se alimenta del vértigo impuesto por los más torpes: políticos, burócratas, banqueros, empresarios, diplomáticos, gente cree tener poder sobre los demás; es decir –habrá excepciones, no hay absolutos—, los que menos utilizan el pensamiento, la introspección; los que viven más engañados en un mundo material moldeado por ellos, cosificado por esta gente que no tiene idea de qué va la vida; por ejemplo, ellos creen que cuando tocan algo en realidad lo están haciendo; sin embargo, no es así, sino una simple percepción –tocar con el dedo a una superficie, no es tal, la energía se roza, transmite, pero el toque no llega a ser—. Y no lo saben porque no les interesa saber: el saber queda a un lado pues para su mundo, el pensamiento no se necesita; lo que se necesita en el hoy, es gente-herramienta: automatización de las sociedades. La idea del hombre material es la de no pensar y no dejar pensar para que la mayoría no se dé cuenta de dónde está parado, para evitar justamente que la sociedad pregunte el porqué de tal o cual cosa, para evitar caer en la cuenta de que son parte de una tradición falsa –al darnos cuenta de que somos parte de tal tradición, iniciaría una ruptura concienzuda por parte de la mayoría y no nada más de unos cuantos, de esta forma se vislumbraría algo distinto, y en ello, hablando en materia cultural, se podría alcanzar una corriente artística que dé respuestas —que sea consciente—, no nada más de ser crítica, pues ya las hay, sino que sea sustancial de tal forma que trascienda su época y logre cambios, repito, nada de lo que digo aquí es nuevo: la idea de Octavio Paz sobre el poema –lenguaje — ejemplifica lo dicho: el poema es acto, es un hacer, acción que al darse logra cambios.

La ruptura debe darse, ¿nuevo Romanticismo? Sí, después de todo el Romanticismo se ha dado ya varias veces bajo otros nombres; sin embargo, nos toca adaptarlo, modificarlo para que encaje en nuestro hoy —no sin antes conocer realmente cuáles son nuestros vacíos como individuos y sociedad—; hecho esto indudablemente brotará una corriente nueva que irá de frente y en contra de esta vida que es trágica, porque por más que se extiende, no termina por matarnos, al contrario, nos hace creer que estamos más vivos con chispazos, materiales, groseros de falsa felicidad, y debido a esto logra cada día más adeptos. 

Urge escindirnos, reencontrarnos con el otro, abrazarlo y después volver a la verdadera unidad, así, podremos enfrentar lo que venga.


Juan Mireles - Escritor (Estado de México, 1984) y director editor de la revista literaria independiente Monolito (México). Ha sido publicado en la revista española Palabras Diversas (España), Letralia (Venezuela). Cronopio (Colombia), Cuadrivio (México), Punto en línea (UNAM. México), Radiador Magazine (México). Revista Biografía (Brasil), Cinosargo (Chile), La ira de Morfeo (Chile-Argentina); Agrupación Puerta Abierta Chile-México. Letras de parnaso (España), Nagari (EUA), Los sábados, las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas (España). Almiar (España). Suicidas sub 21 (Perú); suplemento cultural La Jirafa del Diario Regional de Zapotlán, Jalisco. La pluma afilada (España). Prologó el libro Job aterdio del escritor español Javier Sachez. Editorial Seleer. España. 2012. Participó con el ensayo “La violencia como producto de la sociedad” en el Segundo Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, simultáneo Colima. Formó parte del jurado del I Premio palabra sobre palabra de poesía. Blog personal: http://wwwjuanmireles.blogspot.mx/

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