Silvia Martínez Coronel (Poeta e Escritora Uruguaia) - Texto, Vídeos e Poemas

Sin Palabras

La lluvia había dejado a los habitantes sin certezas, eso de “siempre que llovió paró”, ya no podía aplicarse. 180 días lloviendo sin parar, hasta los sueños se les habían empezado a mojar.

Un día Atalía se levantó, y se dio cuenta que se le habían empapado las ideas, se pasó todo el día intentando secárselas. Primero se le ocurrió lo más obvio, usar una toalla, pero enseguida percibió, que no tenía manera de hacer que le entrara en la cabeza. En la desesperación intentó metérsela por los oídos, pero ni así. Hasta que se sentó en una silla y se resignó a que desde ahora en más, iba a tener que pensar mojado.

Agustín le dijo a su abuela que lo de ella no era nada, que a él se la había mojado la sombra y entonces aún en la oscuridad no podía desprenderse de ella, se había vuelto peor que novia celosa, estaba todo el día chorreándole encima, una peste.

La niña pequeña pasó llorando,se le había encharcado el hambre, decía, y cada vez que tenía apetito se le derretía, estaba desconcertada. La abuela intentó convencerla de que dejara de llorar, que seguro con sus lágrimas empeoraría el asunto..

De repente al unísono , miraron los tres a la ventana, y vieron como la lluvia seguía cayendo a golpes sin piedad alguna por la suerte de aquel pueblo.

Hacia los 200 días, el gobierno quiso hacerle un homenaje,para ver si poniéndose contenta, hacía algo por ellos, pero hacia las 2 de la tarde el mismo se aguó,es que no fue posible reunir ni dos personas que estuvieran dispuestas a rendirle culto a aquella pesadilla, faltaba más…sólo al gobierno se le podía ocurrir una cosa de esas…parece mentira que aún con las ideas invertidas por tanta humedad, no se les ocurriera algo que tuviera sentido.

A los 220 días, al más anciano del pueblo se le ocurrió empezar una huelga de hambre por tiempo indeterminado, en protesta de semejante barbarie, arguyendo que él no se había pasado toda la vida viviendo con dignidad, para terminar en un ataúd inundado.

Nadie le hizo caso, cuando se encadenó a la puerta de la iglesia, todos tenían los ojos demasiado empañados, para darle importancia a cosa alguna.

Ni Luciana pudo parir decentemente, en vista que nadie vio con buenos ojos el líquido amniótico que le manó por entre las piernas.

Hasta el marido, pasó por alto si había nacido niña o niño, lo único que se le ocurrió decir fue:-más agua!.

La mamá tomó al niño, lo miró con desconsuelo, lo dejó sobre su cuna e intentó pensarle un nombre, pero no pudo con ninguno, ni uno solo de los que imaginó pudo sacarlo seco, así que el niño se quedó desnombrado hasta que se acabara el diluvio, según dijo, la abuela.

La desilusión les había ganado casi del todo. Ya apenas se movían de sus sitios, la gente se estaba volviendo como vegetales, ni conversaban, y a la noche nadie quería ya dormir, temían al lago de sus sueños, a las cascadas continuas de los recuerdos, a los mares de los presentimientos.
A los 270 días, Raúl ya muerto desde hacía algún tiempo en la escalera de la iglesia, comenzó a emanar un olor pestilente, y uno se levantó e intentó llevarlo al río, porque el olor sumado al océano de la indiferencia ya había colmado su tolerancia.

Después de todo, sí terminó en un ataúd anegado, pero bueno dada las circunstancias, no hubiera podido ser de otra manera.
Carlos, que así se llamaba el que le dio el aguaerro, volvió del mismo y se sentó en la escalera de dónde lo había desencadenado y arrancó a llorar. Los demás al verlo, no pudieron controlar más sus deseos de hacer lo mismo, y en poco más de una hora todo el pueblo lloraba sin parar, volviéndose uno con la avalancha de líquido infame que no dejaba de caer del cielo.

La actitud tomada pareció darle cierto reposo a sus hastiadas almas, el agua que les manaba de los ojos, les dio la sensación de haberse fundido con el extraño fenómeno, y les apagó el sentimiento de callada rebeldía, que ya no recordaban que aún conservaban.
A los 330 días ni la lluvia se había detenido, ni los pobladores habían dejado de llorar, nadie hacía más que eso, hasta que empezaron a sentirse hilos de lluvia.

Todos habían adelgazado terriblemente, pues se les había aguado el apetito, y ya nadie usaba ropa, en vista de la total ineficacia de cubrirse de trapos empapados, ninguno sabía si por la lluvia o por las lágrimas, pero tanto daba.
A los 333 días,todos se ubicaron, como producto de algún llamado, a cierta equidistancia, parados en la calle, y ahí se quedaron quietecitos, llorando.

A los 400 días un viajero pasó por el pueblo, se sentó en el bar abandonado, y miró sin impresión aquel lugar, donde la lluvia de cuerpos humanos tenía algo de cuadro de Magritte vivo que le daba un toque surrealista a aquella realidad supra-real en redundancia.

El viajero salió del pueblo y de inmediato contó lo que había visto.
Rápidamente el lugar se volvió algo así, como un espectáculo callejero donde caían personas de todas partes y se quedaban mirando boquiabiertos la mejor obra del mundo, donde no se cobraba entrada.
A poco la voz se fue corriendo, y la gente venía en excursiones, con niños y alimentos y se quedaban todo el día mirando, intentando decodificar aquella suerte de sortilegio.

Un mago de feria, vio la oportunidad y trajo su mesita y empezó a hacer trucos lluviosos, y en una semana se llenó de dinero.
Otros vieron el negocio, y cayó la mujer lluvia con una capa de nylon azul, que improvisaba una danza tipo capoeira, por entre la gente fosilizada, ésta también tuvo éxito, y la llamaron de otros estados, que en vista de la gran repercusión del encanto habían instalado muñecos por las calles donde actores sin suerte sostenían regaderas sobre ellos desde los techos de las casas.

Pronto eran ya muchos los pueblos que habían copiado el invento, algunos empezaron a sustituir los muñecos por actores de reparto, a los cuáles había que remplazar permanentemente, porque pronto cogían pulmonía.

Pero nada hacía parar la reproducción del fenómeno, hasta que no quedó un pueblo que no tuviera su espectáculo de lluvia animada.
Con el tiempo la cosa perdió interés, y la gente ya ni se detenía a mirar.
Entonces las obras empezaron a desmontarse, los actores a recuperar la salud, hasta que sólo quedó la obra original, donde la gente ya con cara de santos seguían parados bajo la lluvia real.

Un día pasó por aquel lugar un sacerdote importante, y se le ocurrió que los habitantes habían reunido mérito suficiente como para ser canonizados.
La solicitud marchó con diligencia, y así fue como el pueblo “Misión”, pasó a llamarse :”Lluvia santa”.

Varios sacerdotes vinieron en procesión a inaugurar el nuevo estado sagrado, del lugar, con cinta y tijera como correspondía.
Fue entonces que percibieron que había movimiento en una de las casas. Entraron muertos de miedo, y encontraron entre el barro a un anciano que se había criado a base de musgos en la total soledad, resguardado, más allá de las lágrimas de Cristo.

No se trataba de otro que del hijo de Luciana, que sólo era un bebé, como para sumarse a la lluvia, el día que el pueblo se echó a las calles.
El hombre miró con asombro a los únicos seres con movimiento, aparte de él mismo que había visto en su vida.
Los sacerdotes se le acercaron con cautela, pero nadie se animó a tocarlo.

De repente, como por misterio divino la lluvia se detuvo. Pareciera, que la misma hubiera estado esperando por años aquel encuentro para terminar su caída.

La única mujer que había ido con ellos, por ser la monja más sabia del clero, miró al hombre, y dijo como poseída : su nombre es “Ríoseco”.
Todos aprobaron la decisión con la mirada, y sus ojos se encontraron en un mismo pensamiento: ¿qué hacer con el inesperado hallazgo?

Dejarlo allí, les pareció un acto poco religioso, llevárselo algo que no sabían si no tendría alguna repercusión en el estado natural de las cosas.De repente todas las miradas se conjugaron en Rioseco, buscando en él una respuesta, el hombre se asustó ante el peso de la miradas y reculó todo cuanto pudo, hasta que lo detuvo la pared. En un acto compulsivo empezó a arrancar musgo y a comérselo desesperadamente.

Más de uno hizo una mueca de repulsión, y aquel acto primitivo, pudo más que las cavilaciones,y entonces, se dieron vuelta y se marcharon, dejando colganda la cinta sin cortar, y la canonización sin inaugurar. Sólo la mujer, que le había dado un nombre, no se movió de su sitio.

Rioseco, detuvo su comilona, y se acercó a la monja, y cuando la tuvo a su alcance, alargó las manos y le tocó los pechos, la mujer le dejó hacer sin atreverse a mover. El hombre en un momento se detuvo, y pasó sus manos por el cabello de Margarita, le quitó la cofia y comprobó que el cabello de la mujer era casi tan largo como el suyo.

Ambos miraron hacia fuera, y vieron como los cuerpos habían desaparecido. Salieron de la casa y cerraron lo ojos ante el recién inaugurado sol, Se miraron, y sin decir una palabra atravesaron el despoblado, y lo abandonaron para siempre.

Silvia Martínez Coronel
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NUNCA MÁS,por Silvia Martínez Coronel.
Poema,declamación y edición de y por la escritora uruguaya Silvia Martínez Coronel

Detrás de tu látigo de espuma,tu manita de reina de ataúdes
monte jamás descendido
sin ojos, sin oídos
hueca de abrazo,
amputada por la gloria de palabras vacías
ay! pobre mía
cuanto dolor sembrado
y cosechado en agonía
Infierno festejado como fiesta
Halloween de feria...
ilusión tejida siesta tras siesta
pobre Abel feliz en su miseria
ves
ni la mirada de dios a veces salva
cuando se ha arado sobre la propia sangre
y sólo plantado leche agria...
No importa, sabes,
nada nuevo, todo demasiado viejo...
sigue por tu suelo de algodón en paz
no seré yo quién te acerque un espejo
nunca más
te amo mucho para eso
y no fue tu culpa
sólo fuiste un Judas inocente
de tu destino de monedas y horca de sal
por mí, agujerea!, apuñala!, grita!
haz retroceder al mar!
que no diré una sola palabra
no soy fariseica,
No
por mí, no te enterarás.

Silvia Martínez Coronel
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MI AMOR, de Silvia Martínez Coronel.

Poema, declamación, y edición, por la poeta uruguaya Silvia Martínez Coronel
 
Mi amor es un pájaro alado que no elige por nido
mira dentro si hay amor, y si no sigue su camino
mi amor no cabe en cajones
nació libre y sin nombres
anda por la vida con la frente en alto
y cuál mariposa sabia
se posa en la más rica de las flores
mi amor no tiene horario
ni sabe de sexo binario ni cartesiano espacio
mi amor sabe de yo y el otro
de realidad y espejo
de caminar con las manos
de mar y de montaña
es terremoto y maremoto
y reposa en aguas calmas
mi amor es diverso
me divierte
es distintas versiones
búho de cuello elástico
mira en todas direcciones
es todos y es ninguno
y no desprecia banquete
en mesa de piedra o en palacete
mi amor se viste de gala
y hace con la seda harapos
cambia el todo por nada, y viceversa
llama a todos los nombres
y se nutre de crepúsculos
y en su banco sin patas
baila un tango único
mi amor le sonríe a la muerte
y la tiene de madrina
mientras corteja al padrino
en carroza y en cocina
mi amor es alto y bajo
es de aquí y de otro lado
y hoy se queda en tus ojos
loco de enamorado .

Silvia Martínez Coronel
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MI SERPIENTE, de Silvia Martínez Coronel.

Poema, declamación y edición de la poeta uruguaya Silvia Martínez Coronel.

Tengo en el pecho un enjambre de arañas
que tejen una tela sin dueño
hacen pequeños huecos en mi piel
y clavan agujas y atardeceres
tengo un basural de recuerdos
lleno de sucios papeles
y mezclado con ellos
una sonrisa blanca, y sin dientes
tengo tres años y cinco y veinte
y treinta y cuarenta
y ciento diecinueve
y ando por una calle vacía
donde nadan por el aire los peces
y voy cansada de mí,
y no entiendo bien, qué es lo que me mueve
navego en una nube gris sobre el mar de un jueves
sólo tu te quiero me da un remo
para acariciar mi sed
en el resto de mis piezas llueve
y llueve copiosamente
y tengo tu manita blanca
que es un manojo de risas
que se van volando por su arcoiris
y se alejan
y no se despiden
te veo irte-irme
y la vereda se queda sin huellas
me duermo en el medio del cielo
cierro los ojos
y no pienso, y me dejo atrás
y dejo que se sacie de mí mi serpiente
la que nació conmigo
la que ha estado conmigo siempre.

Silvia Martínez Coronel
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TU AMOR, de Silvia Martínez Coronel.

Poema, declamación y edición de la poeta uruguaya Silvia Martínez Coronel.

Tu amor me convoca
me doblega
me excita
me aleja las sombras
Tu amor tiene boca
me absorbe
me traga
me canta
me silencia
me acerca a su lengua
que trepa
que escala
que lame
que habla
que teje y desteje
Tu amor es milagro
incendio
tormenta
temblor de tierra
maremoto
plantío de enredaderas
que me cubren entera
que me apresan liberan
liberan apresan
Tu amor es alimento
necesario a mi sangre
oxigena mi ritmo
y cabalgo en su grupa
y duermo en su montaña
y levito en su cielo
y me arrastro por su suelo
y repto por su arena
y nado por su agua
y me meto en sus venas
buscándome
Tu amor lleva mi nombre
atrapado en el suyo
y hacemos nuevos nombres
sin letras ni ocasos
Tu amor es mi guía
mi sombra
mi alegría
mi piel
mi sentido
mi canción
mi abrigo
mi escalera al cielo
mi espejo
mi grito
mi llanto
mi hoguera
mi paz y mi guerra
mi Lunes, mi Martes
mi Jueves, mi Viernes
mi isla, mi asombro, mi duda, mi orgía
de trompos, palabras, silencios, porfía.

Silvia Martínez Coronel
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