Cortázar, lejos de casa [EZEQUIEL MARTINEZ]
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Nómades. Julio y su
hermana Lía en Barcelona,
donde vivieron entre 1916
y 1918.
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Cortázar, lejos de casa
Entramos en el mes
Cortázar del año Cortázar. Eso si no contamos el febrero Cortázar, que fue como
un preámbulo del centenario Cortázar (el 12 de aquel mes se cumplieron treinta
años de su muerte y en la Argentina, por alguna necrofílica razón, a la gente
se la honra con más pompa y circunstancia en la fecha de su fallecimiento –el Día
de la Bandera corresponde a la muerte de Belgrano; el feriado puente del 18 de
este mes se lo debemos a la muerte de San Martín, y así). Pero volvamos al
siglo de Julio Cortázar, nacido el 25 de agosto de 1914 en Bruselas, gracias a
la brújula de una cigüeña desorientada. Más despistado quedé yo cuando leí
–entre las docenas de tributos que le están rindiendo en todas partes– el
título de la monumental exposición que hasta el 24 de octubre le dedica en
Barcelona la Casa América Catalunya: “Cortázar en Casa”. ¿En qué casa? ¿La
“Casa tomada” del cuento que en 1947 le publicó Borges en la revista Los Anales
de Buenos Aires? ¿La de París, Bánfield, Chivilcoy, Mendoza? No, la de
Barcelona (?). Así que puesto a indagar las razones domiciliarias por las que
bautizaron así la muestra, leo que obedece a “la intensa relación que mantuvo
el escritor con la ciudad de Barcelona”. Ah..., ninguna dirección ni código
postal, porque hasta donde se sabe, Cortázar nunca tuvo casa en Barcelona. ¿O
sí? Bueno, vivió un par de años cuando apenas empezaba a caminar. Y sin
embargo, la muestra es la más atractiva de las que andan dando vueltas en estos
días por ochenta mundos –y eso que en Buenos Aires habrá al menos tres
esforzadas iniciativas como las del Museo Nacional de Bellas Artes, la de la
Casa Nacional del Bicentenario y la del Museo del Libro y de la Lengua, donde
ya puede recorrerse “Rayuela. Una muestra para armar”.
Pero la de Barcelona,
alimentada por la generosidad de su viuda y albacea Aurora Bernárdez, en
colaboración con Carles Alvarez Garriga, tiene cartas, fotos, manuscritos,
objetos personales... Allá, “en casa”, están todas las cosas que uno puede ver
pasando las páginas de Cortázar de la A a la Z , el diccionario biográfico
ilustrado que Alfaguara editó para el centenario. Pero claro, es como ver El
jardín de las delicias en una postal.
Será que el cronopio mayor
tenía razón cuando en su poema “La Patria” escribió, resignado: “Ser argentino
es estar lejos”.
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